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El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 2

El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 2

Emergiendo de las sombras

El mundo del yoga que Krishnamacharya heredo a su nacimiento,  en 1888, era bastante diferente al de hoy.  El yoga había perdido mucha fuerza debido a las presiones del régimen colonial británico.  Solo un pequeño grupo de hindúes lo practicaba.  Pero, a mediados del siglo diecinueve y comienzos del veinte, movimientos revitalizadores hindúes insuflaron nueva vida en la tradición india.  De joven. Krishnamacharya se sumergió en el aprendizaje de diversas disciplinas clásicas hindúes, incluyendo el idioma sánscrito, rituales, leyes,  medicina india básica.  Con el tiempo, iba a canalizar este amplio bagaje de conocimientos hacia el estudio del Yoga, en donde sintetizaría la sabiduría hindú de estas tradiciones.

Según notas biográficas escritas por Krishnamacharya cerca del termino de su vida, su padre lo habría iniciado en el Yoga a  la edad de cinco años, época en que comenzó a enseñarle los Yoga Sutras de Patanjali, y le dijo que su familia descendía de un respetado yogui del siglo IX, Nathamuni.  Aun que su padre murió antes de que Krishnamacharya alcanzara la pubertad, inculco en su hijo una gran sed por el conocimiento y el sedeo especifico e estudiar Yoga.  En otro manuscrito Krishnamacharya escribió, que cuando todavía era un mocoso, aprendió 24 asanas de un Swami de Sringeri Math, el mismo templo que vio nacer el linaje de Shivananda Yogananda.  Luego, a la edad de 16 años, hizo un peregrinaje al santuario de Narhamuni, en Alvar Tirunagari, donde se encontró, en una extraordinaria visión, con su legendario antepasado.

Tal como siempre contó esta historia, se encontró con un anciano en la puerta del templo, quien le indico con el dedo un bosquecillo de mangos que había por ahí cerca.  Krishnamacharya camino hacia el bosquecillo donde se desplomo de cansancio.  Cuando volvió en si y se levanto, noto que se habían reunido a su alrededor varios yoguis.  Su antepasado Nathamuni le canto versos de Yogarahasya (en sánscrito, La esencia del Yoga), un texto perdido hacia mas de mil años.  Krishnamacharya lo memorizo y posteriormente lo transcribió.

Las semillas de muchas innovaciones en las enseñanzas de Krishnamacharya se pueden encontrar en este texto, disponible ahora en una versión en ingles (Yogarahasya, traducido por T.K.V. Desikachar, Krishnamacharya Yoga Mandiram, 1998).  Aun cuando la historia del autor pudiese aparecer rebuscada, apunta a un importante razgo de la personalidad de Krishnamacharya:  Nunca se atribuyo originalidad.  En su versión, el Yoga es divino.  Todas sus ideas, originales o no, se las atribuyo a los antiguos textos, o bien a su guru.

Después de su experiencia en el santuario de Nathamuni, Krishamacharya continuo la exploración de una panoplia de disciplinas clásicas indias, obteniendo diplomas en filosofía, lógica, divinidad y música.  Practico Yoga a partir de los conocimientos rudimentarios, obtenidos en los textos y en alguna entrevista ocasional con algún yogui, pero siempre anhelaba estudiar mas profundamente, como le había recomendado su padre.  Un profesor universitario lo vio practicando sus asanas y le recomendó que buscara un maestro llamado Shri Ramamohan Brahmachari, uno de los pocos hatha yoguis que todavía quedaban.  Sabemos poco sobre Brahmachari, excepto que vivía en una remota cueva con su esposa y tres hijos.  Krishnamacharya cuenta que paso siete años con su profesor memorizando los yoga Sutras de Patanjali, aprendiendo asanas y pranayama, y estudiando los aspectos terapéuticos del Yoga.  Durante su aprendizaje. Krishnamacharya dice haber dominado 3000 asanas desarrollado algunos de sus mas notables talentos, como detener el pulso.  A cambio de la instrucción,  Brahnmachari le pidió a  su leal pupilo que retornara a su ciudad a enseñar Yoga y a establecer una familia.

La educación de Krishnamacharya le habría permitido conseguir una buena posición en cualquier prestigiosa institución, pero el renunció a esas oportunidades y prefirió honrar la promesa que le había hecho a su mentor.  Y, a pesar de todo su entrenamiento, Krishnamacharya regreso a la pobreza.  En los años de 1920 enseñar Yoga no era remunerativo.  Los estudiantes eran pocos, y Krishnamacharya tuvo que aceptar un trabajo como capataz en una plantación de café.  Pero, en sus días libres, viajaba por la provincia haciendo discursos y demostraciones de Yoga.  Krishnamacharya hizo uso de los siddhis, las capacidades sobrenaturales del cuerpo yoguico, para popularizar el Yoga.  Estas demostraciones – destinadas a despertar el interés de una tradición moribunda- incluían el suspender el pulso, detener vehículos con sus manos, el hacer posturas inverosímiles y levantar objetos pesados con sus dientes.  Pensó que para enseñar Yoga, primero tenia que atraer la atención del publico.

Por medio de un matrimonio arreglado, Krishnamacharya honro la segunda petición de su guru.  Los antiguos yoguis eran ascetas que vivían en el bosque sin hogar ni familia.  Pero el guru de Krishnamacharya quería que el aprendiera la vida de familia y que enseñara Yoga que sirviera al ciudadano común.  Al comienzo esto resulto ser mas difícil de lo imaginado.  La pareja vivía en tal pobreza que Krishnamacharya solo tenia un taparrabos, un retazo de genero del sari de su esposa.  Mas tarde recordaría este periodo como el mas duro de su vida, pero las dificultades solo lograron endurecer aun mas su inquebrantable resolución de enseñar Yoga.

El desarrollo del Vinyasa Yoga

La fortuna de Krishnamacharya mejoro cuando en 1931 recibió una invitación para enseñar en el Sanskrit College de Mysore.  Allí recibió un buen salario y la posibilidad de dedicarse por completo a la enseñanza del Yoga.  La familia gobernante de Mysore, por mucho tiempo, había promovido todas las formas de arte autóctono, apoyando e inyectando nuevo vigor a la cultura india.  Por mas de un siglo ya había patrocinado el Hatha Yoga y la biblioteca contenía las mas antiguas compilaciones ilustradas de asanas que ahora son conocidas:  Sritattvanidhi (traducidas al ingles por el erudito en sánscrito Mormas E. Sjoman en The Yoga Tradition of the Mysore Palace, Adhinav Publications, New Delhi, 1999).

Durante las dos décadas siguientes el Maharajá de Mysore ayudo a Krishnamacharya a promover el Yoga a través de la india, financiando demostraciones y publicaciones. Siendo diabético el Maharajá sintió fuertemente la relación entre yoga y la recuperación de la salud, y Krishnamacharya dedico mucho tiempo a desarrollar esta conexión.  El puesto de Krishnamacharya en el Sanskrit College no duro mucho.  Era demasiado estricto y sus alumnos se quejaron.  Como al Maharajá le gustaba Krishnamacharya y no quería perder su amistad y consejo, le propuso una solución:  le ofrecio la sala de gimasia del palacio para que iniciara su propia escuela de Yoga, Yogashala.

Así empezó uno de los periodos mas fértiles de Krishnamacharya.  Durante este tiempo desarrollo lo que hoy se conoce como Ashtanga Vinyasa Yoga.  Como los pupilos de Krishnamacharya eran en su gran mayoría jóvenes activos, adapto técnicas de Yoga, gimnasia y lucha india, para desarrollar las secuencias dinámicas de asanas cuyo propósito era conseguir un insuperable estado físico.  Este estilo de Vinyasa utiliza los movimientos de Surya Namaskar (saludo al sol) para entrar y salir de cada asana.  Cada movimiento se coordina con una forma especial de respirar y drishti, o enfoque de los ojos en ciertos puntos, lo que ayuda a la concentración meditativa.  Con el tempo Krishnamacharya estandarizo las secuencias de posturas en tres series:  primarias, intermedias y avanzadas.  Los estudiantes eran agrupados de acuerdo a su experiencia y habilidad, teniendo que memorizar cada secuencia antes de avanzar a la siguiente.

Aun cuando Krishnamacharya desarrollo esta forma de practicar Yoga durante la década de 1930, permaneció prácticamente desconocida en occidente por casi 40 años.  Recientemente se ha transformado en una de las formas de Yoga mas populares, gracias al trabajo de uno de sus mas leales y famosos discípulos: K. Pattabhi Jois.

Pattabhi Jois conoció a Krishnamacharya en sus tiempos difíciles, antes de los años en el palacio de Mysore.  Era un robusto niño de 12 años cuando asistió a una de las charlas de Krishnamacharya.  Intrigado por la demostración de asanas le pidio a Krishnamacharya que le enseñara Yoga. Las lecciones empezaron al día siguiente,  horas antes de que sonara la campana de la escuela y continuaron cada mañana por tres años hasta que Jois tuvo que abandonar su hogar para entrar en el Sanskrit College.  Cuando Krishnamacharya acepto el puesto de profesor en ese College, dos años mas tarde, Pattabhi  Jois, desbordando de alegría reanudo sus lecciones de Yoga.

Jois conservo una inmensa cantidad de recuerdos  de los años que estudio con Krishnamacharya.  Durante décadas ha mantenido el trabajo que le dejo Krishamacharya con gran devoción, refinando las secuencias de asanas sin inflingirles modificaciones sustanciales,  tal como un violinista clásico pudiera matizar la melodía de un concierto de Mozart, sin cambiar una nota.  Jois, a menudo ha dicho que el concepto de vinyasa se origino en un antiguo texto llamado Yoga Kuruntha.  Desgraciadamente, el texto desapareció, nunca nadie lo ha visto.  Existen tantas historias sobre su descubrimiento y contenido – he escuchado por lo menos cinco de ellas que se contradicen – que uno se cuestiona su autenticidad.  Cuando le pregunte a Jois si el había alguna vez leído el texto, respondió:  “ No, solo Krishnamacharya”.  Enseguida le resto importancia a la escritura, indicando varios otros textos que, también dieron forma al Yoga que aprendió de Krishnamacharya, incluyendo el Hatha Yoga Pradipika, los Yoga Sutras,  el Baghavad Gita.

Cualquiera fuesen las raíces del Ashtanga Vinyasa Yoga, hoy es uno de los mas influyentes componentes del legado de Krishnamacharya.  Quizás, este método, originalmente diseñado para los jóvenes, nos muestra un camino mas amigable hacia una espiritualidad mas profunda en una cultura que valora la energía y lo externo mas que lo interno.  En las ultimas tres décadas un numero creciente de yoguis se ha sentido atraído a su precisión e intensidad.  Muchos de ellos han hecho el peregrinaje a Mysore, donde Jois todavía enseña.

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