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El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 3

El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 3

Rompiendo una tradición

Aunque, Krisnamacharya le enseño a niños y jóvenes e el palacio de Mysore, sus demostraciones publicas atrajeron a diversas congregaciones. Disfrutaba del desafío de presentar el Yoga a públicos con diferente formación y educación.  En sus frecuentes tours, que él llamaba viajes propagandísticos, introdujo el yoga entre los soldados británicos, los Maharajas musulmanes y los indios de todas las religiones  credos.  Krishnamacharya siempre enfatizaba que el Yoga era para todos, y adecuaba sus enseñanzas para asi respetar las creencias de sus estudiantes.  Pero mientras pasaba por alto las diferencias culturales, religiosas y de clases, siempre mantuvo una actitud patriarcal hacia las mujeres.  El destino sin embargo, le hizo una jugada:  El primer estudiante que llevó su Yoga al escenario mundial pidió ser admitida vistiendo un sari… ¡ Y además era occidental!

La mujer, que llego a ser conocida como Indra Devi (nacida en Zhenia Labunskaia, en la Latvia pre-soviética) era amiga de la familia real de Mysore.  Después de ver una de las demostraciones de Krishnamacharya, pidió ser admitida como estudiante.  Al comienzo ni extranjeros ni mujeres.  Pero Devi insistió,  persuadiendo al Maharajá que intercediera en su favor con este bramin.  De mala gana Krishnamacharya inicio las clases, sometiéndola a una estricta dieta y a un difícil régimen de enseñanza destinado a quebrar su voluntad.  Ella paso cada desafió impuesto por Krishnamacharya,  llegando a ser amiga de el y ejemplar estudiante.

Después de un año de aprendizaje,  Krishnamacharya le pidió que enseñara Yoga.  Le pidió que atrajera a las clases un cuaderno y paso con ella varios días dictándole sus conocimientos sobre como enseñar el Yoga, sobre dieta y pranayama.  Inspirada en estas enseñanzas, escribió mas tarde el libro best seller sobre Ata yoga,  Forever Young, Forever Healthy (Prentice Hall, Inc., 1953).  Años después de haber estudiado con Krishnamacharya, Devi fundó la primera escuela de Yoga en Shangai, China, donde Madame Chiang Kai-shek fue una de sus alumnas.  Posteriormente logro convencer a los lideres soviéticas de que el yoga no era una religión y asi pudo abrir las puertas de la Unión Soviética al Yoga, donde hasta entonces era ilegal.  En 1947 se traslado a Estados Unidos.  Viviendo en Hollywood llego a ser conocida como La primera Dama del yoga, atrayendo a estudiantes como Marilyn Monroe,  Elizabeth Arden,  Greta Garbo y Gloria Swanson.  Gracias a Devi,  Krishnamacharya pudo disfrutar de su primera exposición internacional.

Aunque estudio con Krishnamacharya durante el periodo de Mysore,  el Yoga que enseño Indra Devi tiene poco en comun con el ashtanga vinyasa de Jois.  Como queriendo anunciar ya el altamente personalizado estilo de <yoga que iba a desarrollar mas tarde, Krishnamacharya le enseño a Devi de una manera suave, adaptando las posturas, cada vez que era necesario, a sus limitaciones físicas
Devi siempre ha mantenido en sus enseñanzas este estilo suave.  Aunque su estilo no utiliza Vinyasa, usa el principio de las secuencias de Krishnamacharya de manera que sus clases recorren un camino – empezando con posturas de pie,  progresando hacia un asana central seguido de posturas complementarias y terminando con relajación.  De  la misma forma que ocurrio con Jois, Krishnamacharya  le enseño a combinar pranayama y asanas.  Los estudiantes de su linaje todavía practican, cada postura con una forma determinada de respirar.

Devi agrego, además, un aspecto devocional a su trabajo que llamo Sai yoga.  La postura principal de cada clase incluye una invocación de manera que el fulcro de cada practica contiene una meditación en la forma de una oración ecuménica.  Aunque ella misma desarrollo este concepto, pudo ya haber estado presente en forma embrionica,  en las enseñanzas que recibió de Krishnamachara.  En sus últimos años,  Krishnamacharya también recomendó cantos devocionales dentro de la practica de asanas.

En la actualidad, acercándose a los 103 años, Devi recibe cada tarde estudiantes en uno de sus seis centros de Buenos Aires, Argentina.  Y hasta hace tres años atrás, todavía enseñaba posturas.  Bien entrada en sus noventa años, continuo viajando por el mundo, llevando la influencia de Krishnamacharya a mucha gente en Norte y Sudamérica.  Su impacto en los Estados Unidos se diluyo cuando ella se traslado a vivir a Buenos Aires, en 1985, pero su prestigio en Latinoamérica se extiende mucho mas allá de la comunidad argentina del Yoga.

Tendrás dificultades en encontrar a alguien en Buenos Aires que no haya escuchado hablar de ella.  Se contacto con todos los estratos de la sociedad latina:  El taxista que me llevo a la entrevista con ella, la describió como una mujer muy sabia, al día siguiente de mi entrevista, el ex presidente de Argentina, Carlos Menem la visito para pedirle su bendición y consejos.  Las seis escuelas de Yoga de Devi, imparten 15 clases de asanas el día y los graduados de su curso de formación de profesores, que dura cuatro años, reciben un certificado internacionalmente reconocido que equivale a un  grado pre-universitario.

Instruyendo a Iyengar

Durante el periodo en que Krishnamacharya les enseñaba a Devi y a Jois, brevemente también le enseño a un niño llamado B.K.S. Iyengar, quien creció para jugar,  probablemente, el rol más significativo, en introducir el Ata yoga en Occidente.  Es difícil imaginar como habría sido el Yoga que practicamos hoy día si la contribución de Iyengar, en especial su detallada, precisa y sistemática ejecución de cada asana, su investigación sobre las aplicaciones terapéuticas y su diferenciación por niveles, el riguroso sistema de entrenamiento que ha producido tantos profesores influyentes.

También es difícil saber cuanto influencio su desarrollo posterior el entrenamiento que recibió de Krishnamacharya.  Aunque intenso, el tiempo que paso junto a su maestro, fue corto:  solo un año.  Además de inculcar en Iyengar devoción por el Yoga, quizá, planto también las semillas que mas tarde germinarian en el yoga de Iyengar.  (Algunas de las características por las cuales es conocido hoy día particularmente las modificaciones a las posturas y sus usos terapéuticos son muy similares a las que Krishnamacharya desarrollo en su trabajo de los últimos años).  Posiblemente cualquier investigación profunda en el Ata yoga produce resultados similares.  De cualquier modo, Iyengar siempre ha idolatradao el guru de su niñez.  Todavía dice:  “ Soy solo un pequeño modelo en Yoga, mi guru fue un gran hombre”.

Al comienzo, el porvenir de Iyengar no era claro.  Cuando Krishnamacharya lo invito a vivir en su hogar – la esposa de Krishnamacharya hermana de Iyengar –predijo que el poco flexible adolescente no tenia futuro en el yoga.  De hecho, lo que cuenta Iyengar de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens.  Krishnamacharya podía ser un profesor estrictísimo.  Al comienzo casi no se tomo la molestia de enseñarle a Iyengar, quien se pasaba la mayor parte del tiempo regando el jardín y haciendo todo tipo de tareas menores.  El único amigo que tenia era su compañero de habitación, un niño llamado Keshavamurty, que era el favorito de Krishnamacharya.  Una extraña jugada del destino hizo que un día desapareciera Keshavamurthy para nunca mas volver.  Solo faltaban días para una importante demostración en el Yogashala y Krishamacharya, naturalmente, confiaba en su pupilo estrella para que demostrara los asanas.  Enfrentando a esta crisis, Krishnamacharya rápidamente comenzó a entrenar a Iyengar en una serie de complicadas posturas.

Iyengar practico, en forma diligente, y el día de la demostración sorprendió a Krishnamacharya con una excepcional actuación.  Después de esto, Krishnamacharya comenzó la instrucción de su pupilo con renovado vigor.  Iyengar progreso rápidamente y empezó también  a asistir a Krishnamacharya en sus clases en el yogashala y a acompañarlo en tours.  Krishnamacharya continuo sin embargo su autoritario estilo de instrucción.  En una oportunidad cuando Krishnamacharya le ordeno que hiciera hanumamanasana, (apertura completa de piernas, split), Iyengar se quejo de que nunca había hecho es postura antes.  ¡Hazlo!  Le grito Krishnamacharya.  Iyengar lo hizo desgarrándose los músculos de la corva.

Su corto aprendizaje termino abruptamente.  Después de una demostración de Yoga en el norte de la provincia de Karnataka, un grupo de mujeres le pidió a Krishnamacharya que les enseñara.  Krishnamacharya eligió a Iyengar, su estudiante mas joven, para que impartiera esa clase.  En esa época las clases eran segregadas, es decir, las mujeres estudiaban separadamente de los hombres.  Iyengar impresiono a las mujeres con su forma de enseñar. Y, a pedido de ellas, Krishnamacharya designo a Iyengar como su instructor.
Enseñar fue una promoción para Iyengar,  pero no contribuyo mayormente a mejorar su situación.  Enseñar yoga era todavía una profesión marginal.  A veces, recuerda Iyengar, comía solo un plato de arroz cada tres días, sustentándose solamente con agua.  Pero se entrego en cuerpo y alma al yoga.  De hecho, Iyengar dice que era tal su obsesión por el yoga que, algunos vecinos y miembros de la familia creyeron que había enloquecido.  Practicaba durante horas, usaba pesadas piedras para forzar sus piernas en Baddha Konasana (sentado con las plantas de los pies juntas) o bien doblándose hacia atrás sobre un rodillo compactador de cemento para mejorar su Urdhva Dhanurasana (la araña).  Preocupado por su bienestar, el hermano de Iyengar arreglo su matrimonio con una joven de 16 años llamada Ramamani.  Afortunadamente, Ramamani respetaba su trabajo y llego a ser una compañera muy importante en su investigación de asanas.

Varios ciento de millas alejado de su guru, la unica forma que tenia Iyengar de aprender mas sobre asanas, era explorar con su propio cuerpo y analizar los efectos.  Con la ayuda de Ramamani, Iyengar refino y mejoro las asanas que aprendió de Krishnamacharya.

Al igual que krishnamacharya, a medida que Iyengar ganaba estudiantes, iba adaptando y modificando las posturas para satisfacer sus necesidades.  Y también, al igual que Krishnamacharya, Iyengar nunca dudo cuando tuvo que innovar.  En gran medida, abandono el estilo Vinyasa de su mentor. En cambio, al desarrollar cada postura, constantemente investigo la naturaleza del alineamiento interno, considerando los efectos de cada parte del cuerpo, incluso la piel.  Debido a que muchos de los estudiantes que vinieron a el estaban en peores condiciones físicas que los jóvenes estudiantes de Krishnamacharya, Iyengar tuvo que aprender a desarrollar elementos  especiales (props: elementos de ayuda como bloques  de madera, cinturones de algodón, la pared)  para ayudarles.  Y , como alguno de sus estudiantes estaban enfermos, Iyengar empezó a desarrollar asanas como herramienta de curación, creando programas terapéuticos específicos.  Adicionalmente, Iyengar empezó a ver el cuerpo como si fuera un templo y las asanas, como las oraciones.  El énfasis de Iyengar en los asanas no siempre gusto a su maestro.

Aunque en las celebraciones de los 60 años de Iyengar, Krishnamacharya elogio las aptitudes de Iyengar en la practica de asanas, le sugirió que ya era tiempo que se enfocara mas hacia la meditación.

A través de las decadas de los años 30, 40 y 50, la reputación de Iyengar como maestro y como terapeuta continuo creciendo.  Obtuvo estudiantes famosos y respetados, tales como el filosofo Jiddhu Krishnamurti y el violinista Yehudi Menuhin, quienes lo ayudaron a atraer estudiantes occidentales.  En los años 60 el Yoga estaba formando parte de la cultura mundial, e Iyengar estaba siendo reconocido como uno de sus principales embajadores.

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