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El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 4

El Legado Yoguico de T. Krishnamacharya parte 4

Sobreviviendo los años difíciles.

Aun cuando sus estudiantes prosperaban y difundían su evangelio yoguico, Krishnamacharya volvió a encontrarse con tiempos difíciles.  Ya en 1947 el numero de alumnos había bajado, considerablemente, en el Yogashala.  Según Jois, solo quedaban tres alumnos.  El patrocinio gubernamental también se había terminado, India había obtenido su independencia  los políticos que reemplazaron a la familia real de Mysore tenían poco enteres en el Yoga.  Krishnamacharya lucho por mantener viva la escuela, pero en 1950 tuvo que cerrar.  Un krishnamacharya de 60 años se vio en la situación de tener que empezar todo de nuevo.

A diferencia de algunos de sus protegidos,  Krishnamacharya no tuvo la fortuna de disfrutar de los beneficios de la creciente popularidad del Yoga.  Continuo estudiando, enseñando y desarrollando su Yoga en casi total oscuridad.  Iyengar estima que este periodo solitario , cambio la disposición de Krishnamacharya.  Según Iyengar, Krishnamacharya podía permanecer distante bajo la protección del Maharajá de Mysore.  Pero entregado a si mismo, obligado a conseguir sus propios estudiantes, tuvo mas motivación para adaptarse a la sociedad y desarrollar mayor compasión.

Asi fue como, en 1950, cuando Krishnamacharya luchaba por conseguir trabajo, debió aceptar un puesto de profesor en Mysore, en el Vivekananda College de Chennai.  Nuevos estudiantes aparecieron, incluyendo gente de diferentes profesiones, estratos sociales y en variadas condiciones de salud.  Krishnamacharya tuvo que ingeniárselas para inventar nuevos métodos de enseñanza.  Y, a medida que iban apareciendo estudiantes con menos aptitudes físicas  algunos incluso con incapacidades, Krishnamacharya debió adaptar las posturas para satisfacer las necesidades de cada uno.

Por ejemplo, instruía a un alumno que hiciera Paschimottanasana, (sentado con el cuerpo doblado hacia delante) con las rodillas estiradas para estirar los ligamentos de la corva, mientras que hacia hacer la misma postura a otro estudiante, pero con las rodillas dobladas.  Del mismo modo, modificaba la respiración de acuerdo a las necesidades de sus alumnos, a veces reforzando el abdomen poniendo mayor énfasis en la exhalación  otras, en la espalda, poniendo énfasis en la inhalación.

Krishnamacharya variaba la duración, frecuencia y las secuencias en los asanas para ayudar a los estudiantes a alcanzar metas especificas de corto plazo, como recuperarse rápidamente de una enfermedad.  Y , a medida que los alumnos progresaban, los ayudaba a refinar las posturas hasta conseguir la forma ideal.  En su estilo particular, Krishnmacharya ayudaba a sus estudiantes a evolucionar de un Yoga que se adaptaba a sus limitaciones individuales, a un Yoga que maximizaba sus habilidades.  Este enfoque, que hoy día se conoce con el nombre de Viniyoga, se convirtió en la marca registrada de la enseñanza de Krishamacharya en sus décadas finales.

Krishnamacharya parecía siempre dispuesto a ampliar estas técnicas a casi cualquier estado de salud que presentara un desafió.  En una oportunidad, un doctor le pidió que le ayudara con un paciente había tenido un infarto cerebral.  Krishnamacharya manipulo los miembros sin vida del paciente poniéndolos en diferentes posturas, una especie de yogaterapia.  Y como con muchos  estudiantes de Krishnamacharya, la salud de esta persona mejoro,  y también la fama de Krishnamacharya como terapeuta.
Fue la reputación de terapeuta la que atraería al ultimo, y uno de sus mayores discípulos.  Pero en ese tiempo, nadie -y menos Krishnamacharya – sospecharía que su hijo, T.K.V. Desikachar, llegaría a ser un famoso yogui, el que traspasaría del mundo del Yoga occidental, la linea completa de las enseñanzas de su padre, en especial la de los últimos años.

Manteniendo la llama viva.

Aunque nacido en una familia de yoguis, Desikachar nunca sintió el deseo de continuar con la tradición.  De niño, se alejaba de su padre cuando este le pedía que hiciera asanas.  Krishnamachatya lo agarro una vez, le ato las manos y pies en Baddha Padmasana ( postura del loto con los brazos cruzados detrás de la espalda y las manos en los pies) y allí lo dejo por media hora.  Este tipo de pedagogía no motivo a Desikachar a estudiar yoga, pero seguramente la inspiración llego por otros medios.

Después de obtener un titulo de ingeniero en la universidad, Desikachar vino a visitar a su familia por un corto tiempo.  Iba camino a Delhi, donde le habían ofrecido un buen trabajo en una firma europea.  Una mañana cuando estaba sentado en los peldaños de la entrada de la casa leyendo el periódico, vio acercarse por la estrecha calle un enorme vehículo americano que se detuvo justo en frente de la casa de Krishnamacharya.  En ese preciso momento su padre  salió de la casa, vistiendo solo un dhoti (tela de algodón enrollada alrededor de las caderas) y las marcas sagradas que indican una vida entera de devoción al dios Vishnu.  Del asiento trasero del auto,  descendió una mujer de apariencia europea, de mediana edad, gritando:  “ ¡Profesor, profesor! ”.  Se lanzo sobre los brazos de Krishnamacharya con un abrazo efusivo.

La sangre debe habérsele ido de la cara a Desikachar al presenciar esto, y sobretodo, cuando vio que Krishnamacharya también la abrazaba.  En esos días, las mujeres occidentales y los Bramines no se abrazaban especialmente no en medio de la calle, y menos tratándose de un  Bramin tan observante como Krishnamacharya.  Cuando se hubo ido la mujer lo único que atino a decir Desikachar fue : ¿Por qué?.

Krishamacharya le explico que la señora habia estado estudiando yoga con el, y que gracias a su ayuda, la mujer por primera vez en 20 años había podido conciliar el sueño.  Quizá,  la reacción de Desikachar al escuchar esta revelación fue una suerte de providencia o karma, sin duda esta prueba del poder del yoga le sirvió como una curiosa epifanía que, cambiaria su vida para siempre.  En un instante resolvió aprender lo que sabia de su padre.

Krishnamacharya no recibió, de buen grado, este repentino interés de su hijo por el yoga.  Le dijo que continuara con su carrera de ingeniero y que dejara el yoga tranquilo.  Desikachar se negó a escuchar.  Rechazo el trabajo en Delhi, encontró trabajo en una firma local e insistió a su padre que le diera clases.  Eventualmente Krishnamacharya acepto.  Pero, para asegurarse de que el interés de su hijo era genuino – o para descorazonarlo- Krishnamacharya también fijo la hora de inicio de las clases a las 3:30 de la mañana cada mañana.  Desikachar acepto, pero también puso su propia condición:  Nada que tenga que ver con Dios.  Un ingeniero pragmático como el vio la necesidad de la religión.  Krishnamacharya respeto la decisión de su hijo e iniciaron las clases con asanas y recitando los Yoga Sutras de Patanjali.  Y, como la familia entera vivía en una sola habitación, no les quedo mas remedio, medio dormidos, que sumarse a las clases.  Las lecciones continuarían por 28 años aunque ya no tan temprano.

Durante los años que enseño a su hijo, Krihsnamacharya continuo refinando su enfoque sobre el Viniyoga, haciendo programas especiales para los enfermos, para las mujeres embarazadas, niños, y por supuesto, para aquellos en la búsqueda dela autorrealización espiritual.  Llego, incluso, a dividir la practica de yoga en tres etapas, representando la juventud, la edad madura y la vejez:  Primero, desarrollar fuerza muscular y flexibilidad, segundo, mantener la salud durante los años de trabajo y de sustento de la familia, y finalmente, ir mas allá de la practica física para enfocarse en Dios.

Desikacachar observo que a medida que iban progresando los estudiantes, Krishamacharya no solo comenzaba a poner énfasis en l practica de asanas mas avanzadas, sino que también, en los aspectos espirituales del yoga.  Desikachar se dio cuenta de que su padre sentía que cada accion era en si misma, un acto de devoción, que cada asana debía conducir hacia la calma interior.  Del mismo modo, el énfasis que ponía Krishnamacharya en la respiración tenia por objeto transmitir implicaciones espirituales, conjuntamente, con beneficios fisiológicos.  De acuerdo a Desikachar, Krishnamacharya describía el ciclo respiratorio como un acto de entrega:  Inhala y Dios se acerca.  Mantén la respiración, y Dios permanece contigo. Exhala, y tu te acercas a Dios.  Mantén la exhalación, y entrégate a Dios.

Durante los últimos años de su vida, Krisnamacharya introdujo los cantos vedicos en la practica de yoga, siempre ajustando el numero de versos para que coincidieran con el tiempo que los alumnos debían permanecer en las posturas.  Esta técnica puede ayudar a los estudiantes a mantener enfocada la mente y los prepara para la meditación.

Cuando Krishnamacharya se inclinaba hacia los aspectos espirituales del yoga, respetaba las creencias individuales.  Una de sus mas antiguas estudiantes, Patricia Miller, que enseña hoy día en Washington D.C., recuerda que el dirigía las meditaciones ofreciendo alternativas.  Instruía a sus alumnos que cerrara sus ojos  observaran el espacio entre las cejas, y luego, decia: Piensa en Dios.  Si no en Dios, en el sol.  Si no en el sol, en tus padres.  Explica Miller que Krishnamacharya exigía solo una condición: Que admitamos que existe un poder mas grande que nosotros mismos.

Preservando un legado.

Desikachar propaga hoy día el legado de su padre, dirigiendo el instituto Krishnamacharya Yoga Mandiram, en Chennai, India, donde se enseñan todos los diferentes enfoques que tenia Krishnamacharya sobre el yoga y sus escritos son traducidos  publicados.  Con el tiempo, Desikacahar abrazo toda la gama de las enseñanzas de su padre, incluyendo su veneración por Dios.  Desikachar, sin embargo, comprende el escepticismo occidental y enfatiza la necesidad de despojar el yoga de sus atadura hinduistas, de manera que siga siendo un vehículo para toda la gente.  La visón del mundo de Krishnamacharya estaba enraizada en la filosofía  vedica, la vision del mundo occidental lo esta en la ciencia.  Versado en ambas, Desikachar ve su rol como el de un traductor, llevando la antigua sabiduría de su padre a oídos modernos.

El principal propósito de Desikachar y el de su hijo Kausthub, es el compartir esta antigua sabiduría con la próxima generación.  Le debemos a nuestros hijos un futuro mejor, dice.  Su organización mantiene clases para niños y también para los niños incapacitados.  Y, además de publicar historias y guías espirituales con un sabor contemporáneo, Kusthub también esta produciendo videos para demostrar las técnicas, para enseñarle a los jóvenes, usando los métodos inspirados en el trabajo de su abuelo en Mysore.

Aunque Desikachar paso casi tres décadas como alumno de Krishnamacharya, dice solo haber captado los fundamentos de las enseñazas  de su padre.  Tanto los intereses como la personalidad de Krishnamacharya semejan un calidoscopio, Yoga era solo una fracción de lo que el sabia.  Krishnamacharya también estudio disciplinas como la filología, la astrología y también la música.  En su propio laboratorio ayurvedico preparaba formulas en base a yerbas.  En India sigue siendo as conocido como terapeuta que como yogui.  También era conocido gourmet, horticulturista y un gran jugador de cartas.

Pero el conocimiento enciclopédico que, a veces, lo hacia aparecer distante, incluso arrogante en su juventud – intelectualmente intoxicado, como suavemente lo caracteriza Iyengar- con el tiempo creo la necesidad de comunicarse mejor con la gente.  Krishnamacharya se di cuenta de que una parte importante del conocimiento tradicional indio que el atesoraba estaba desaparecido, y decidió abrir su gran reserva de conocimientos a cualquiera con sano interés y suficiente disciplina.  Sintió que el yoga tenia que adaptarse al mundo moderno o desaparecer.

Hay un dicho indio que dice que cada tres siglos nace alguien para reenergizar una tradición. Es posible que Krishnamacharya fuera uno de esos avatares.  Teniendo un gran respeto por el pasado, no dudo en experimentar e innovar.  Desarrollando y refinando diferentes ángulos, hizo que el yoga fuese accesible a millones de personas.  Esa difusión y facilitación del yoga a todo el mundo es su mas grande legado.  Tan diversas como pueden ser las practicas nacidas del linaje de Krishnamacharya, la pasión y la fe en el yoga siguen siendo la herencia común.  El mensaje tácito que proveen sus enseñanzas es que, el yoga no es una tradición estática, es un arte vivo, que respira y crece constantemente, a través de los experimentos y experiencias de cada practicante.

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